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El Canciller Cadejo

Por: Julio Pellecer Solórzano

Escrito el Canciller Cadejo en 1940, cuando el mundo parecía sucumbir ante las fuerzas totalitarias y cuando Guatemala parecía renunciar definitivamente a la libertad y a la vida, quiso ser una especie de protesta o de lamento ante aquellas dos situaciones.

Las circunstancias políticas locales no permitieron entonces su representación, pero sí tuvo hospitalidad en la revista “Senderos”, publicada por un grupo de universitarios. Hoy que las condiciones tanto mundiales como locales han cambiado, se ofrece sin pretensión de actualidad, y únicamente como aporte modesto a la literatura dramática nacional.

La anterior aclaración es parte de la “anticipación” de la primera edición de “El Canciller Cadejo” de Manuel Galich, publicada con la clasificación de “Teatro Grotesco”, y con el subtítulo “Historia de espantos”.

La anticipación, a manera de prólogo, nos provee de información importante acerca de la obra en sí, y también del contexto en el cual fue fraguada.

Los cinco años que separan la creación de la obra y su publicación (incluso algo desactualizada, según reconoce el autor de la anticipación), se debieron a las “circunstancias políticas locales”, es decir a la dictadura del General Jorge Ubico, heredero de una larga tradición represiva, y uno de sus mayores exponentes.

Al punto que el nombre de la obra pudo ser “El General Cadejo”, como dio en llamarla su autor años después, según él mismo lo explica:

“… Canciller porque aludía a Hitler, pero hoy ya Hitler desapareció, por consiguiente ya el título lo he modificado un poquito en el sentido de El Premier Cadejo o mejor aún El General Cadejo; y le he dado algunos retoques, porque el fascismo se desplazó de Europa, mejor dicho, de la Alemania nazi se desplazó a la América, ya que conocemos por lo menos media docena de casos de fascismo”.

El subtítulo “Historia de espantos”, responde al hecho de que el protagonista de la obra es, efectivamente, uno de los espantos de la tradición guatemalteca: El Cadejo.

Y los otros personajes principales también son espantos, acompañados de otras criaturas no menos fantásticas, “Conviene decir dos palabras de aquellos personajes, para quienes no los conozcan como los conoce todo buen guatemalteco… el Duende aparece como travieso perseguidor de las muchachas de largos cabellos, los cuales gusta de trenzar; el Sisimite, como un chiquillo de una sola pierna que corre en las riberas de los ríos; el Sombrerón… tiene la gracia de emborracharse; el Cadejo es algo así como un gran perro lanudo de ojos como carbunclos y cascos de chivo; la Siguanaba acostumbra aparecer a los trasnochadores para hacerse seguir de ellos y conducirlos a los barrancos… y la Llorona diz (sic) que llora por las noches a causa de cierta historia infanticida”.

Es esta obra, entonces, una historia de espantos que ya no espantan, en cuanto la realidad que los rodea es, ciertamente, más espantosa que ellos mismos.

La inclusión de los espantos en el drama social guatemalteco que se vivía durante el primer lustro de los años cuarenta del pasado siglo, podría causar una especie de extrañamiento brechtiano.

En todo caso, ¿qué puede ser más chocante que unos espantos atemorizados por la misma represión que tiene a toda una sociedad en silencio? Los entes más terroríficos siendo aterrorizados, derrotados por el terrorismo del Estado y el “progreso”. Nuevamente, la realidad supera a la ficción.

Según lo declara el Cadejo, en el cuadro segundo del primer acto: “¿qué somos? Motivo de chiste, risa… La burla de que somos objeto constantemente es ya sin límites. ¿Y todo por qué? Porque nuestra libertad está coartada, porque ya no podemos circular libre y tranquilamente en la calle, porque se controlan nuestros actos y porque cuanto antes hacíamos es ahora punible y criminal”.

La protesta es más que evidente, pero mediante la creación artística que transforma y universaliza, de modo que nos encontramos ante la lucha por uno de los mayores ideales (el mayor según Cervantes) de la humanidad: La libertad.

Pero, como suele suceder, aquel líder que en un principio dirigía la gesta por la libertad, pronto se convierte en uno de sus mayores enemigos; y en el Cadejo que pronunciaba el discurso del párrafo anterior ya se ocultaba el canciller, como podemos apreciar en el siguiente diálogo entre el Cadejo y el Rey Perico de los Palotes, del cuadro primero del segundo acto:

Perico. – Luego, ¿puedo consideraros mi aliado?
Cadejo. – Por supuesto, majestad.
Perico. – En ese caso ¿qué medidas me aconsejáis para la defensa?
Cadejo. – Dejadme a mí la dirección del gobierno.
Perico. – ¡Imposible extranjero! Pensad en que yo sería un rey monigote, en que vos – y os suplico no ofenderos – no sois más que un advenedizo, y en que mis súbditos no aprobarían semejante cesión.

Incluso, cuando el Rey Perico comienza a aceptar la idea del Cadejo y pregunta, “Pero, suponiendo que yo siguiera vuestro consejo, ¿con qué atributos os presentaría a mi pueblo, qué nombre os daría?”, el futuro canciller le responde, “Allá se usan varios. Por ejemplo, podríais llamarme Fuehrer.” Y agrega un poco después, “Pues si queréis, también se estila otra palabra… Duce.” Y al final, no puede evitar usar el término idóneo: dictador.

Cansados de tantas humillaciones, los espantos han decidido retornar a donde eran felices, es decir a la corte del Rey Perico. Pero, como se ve, el Cadejo se ha adelantado a los demás y ha asumido una identidad distinta, al grado que el Rey no lo reconoce.

A partir de ahí, el Cadejo hará todo lo posible por convencer al Rey de que le ceda el gobierno y demostrarle que los demás espantos son unos impostores que pretenden una invasión. La ingenuidad del Rey lo hará presa de las maquinaciones y entregará el gobierno al único enemigo real de su pueblo.

La obra está compuesta por tres actos y un epílogo. El primer acto sucede en el siglo XX, el segundo y tercer acto en la corte del Rey Perico y el epílogo en el Quinto Infierno.

Además de los espantos, el autor incluyó algunos personajes del folclor europeo, como el Rey Perico de los Palotes o Maricastaña (quien aparece como hija del Rey). El mismo San Expedito explica su alcurnia en la obra:

Expedito. – No es muy larga ni muy importante. Pero os la contaré… Nací de la imaginación de un cura ingenuo y quizá un tanto trastornado en sus facultades.

Se realiza una contraposición entre el siglo XX, supuestamente progresista (si progreso es avance de la técnica y no crecimiento humano) y lo legendario, y entre los personajes astutos y calculadores y, al otro extremo, aquellos que son más ingenuos:

• El Cadejo es la criatura rapaz, a quien no le importa traicionar a los suyos con tal de conseguir lo que desea, el poder absoluto; los demás espantos son ingenuos.
• La Llorona por dejarse manipular por el Cadejo, a través de sus propuestas amo-rosas.
• El Duende, que sería el líder positivo de los espantos, porque no puede adelantarse a una maldad que él mismo no conoce y, además, porque es un ser romántico, enamorado del oro “musivo” de los cabellos de Maricastaña.

De una manera simbólica aparece ante nosotros el poder destructivo de las falsas promesas que destruyen las vanas ilusiones de los pueblos.

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