Se buscan libros usados

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NEGRURA, Virgilio Rodríguez Macal

Por: Julio Pellecer Solórzano

Por muchos años, hasta el 2016, fue muy difícil encontrar un ejemplar de Negrura. Nunca, hasta entonces había sido editada en Guatemala. Lo que añadía un misterio incitador.

En la edición original, se encuentra al inicio un breve texto del autor:

Si es un mundo negro hoy, mañana podrá aclararse. Es solamente cuestión de un reencuentro, de que el hombre actual se encuentre de nuevo con el espíritu y le dé la espalda a la materia. Eso es todo.

 El espíritu encenderá la luz de las tinieblas del materialismo… Pero ¡hay que lograrlo!… ¿Cómo?… He aquí la incógnita que debe ser aclarada. Y eres tú, lector, y yo, quienes debemos pensar en ello.

 Pero de una cosa puedes estar seguro: que mientras el materialismo siga imperando, la negrura del mundo continuará siendo impenetrable[1].

 

Estructura

 La novela cuenta con veintiún capítulos, en los que hay que seguir a Fred, a quien la voz narradora define así:

Era un hombre común. Ni flaco ni gordo, de estatura mediana, ni buen mozo ni feo. Era corriente. Pero tenía algo que no tuvieron todos los que fueron a la guerra: la integridad física[2].

Esta descripción física de un hombre término medio será muy importante en el desarrollo de los acontecimientos; la cual también está acompañada de la descripción de la vida interior del protagonista, no menos importante:

La negrura del mundo lo había dejado blanco exteriormente… Pero en el fondo de su alma sí que había negrura… Había salido ileso después de seis años de combatir, seis siglos de no saber si se está de este o del otro lado del Gran Misterio… Es verdad que su cuerpo se había librado, pero… ¿Y el espíritu? Mucha cosas había visto y vivido dentro de la muerte, muchas vidas e historias había visto esfumarse en la negrura. ¡La guerra, la guerra! ¿Quién la hizo, quién la desencadenó, quién la fomentó, quién la ganó?… Pero ¿la había ganado alguien?… ¡Negrura, negrura!

Fred es un joven alemán, veterano de la Segunda Guerra Mundial, quien al regresar a donde estuvo su hogar, se encuentra con que el edificio que habitaba con sus padres y su hermano menor está destruido, y según le informa una anciana, antigua amiga de su madre, “no quedó nadie con vida”.

La familia de Fred ha sido sepultada en una fosa común. Bertina, quien fuera novia de Fred antes de la guerra, según se dice, se fue con uno de los oficiales vencedores a un país vecino. Ya no existe la vida que Fred conoció antes de la guerra.

A pesar de todo esto, Fred no siente rencor hacia los ocupantes estadounidenses. Es más, prefiere su presencia a la de los “otros”, “aquellos de las estepas”. Otro rasgo importante a tomar en cuenta.

Fred piensa que los estadounidenses traerán la prosperidad, y parece verlos como aliados para el progreso:

Al fin y al cabo, eran de la misma raza blanca y no podrían, por tanto, dejar sucumbir a una gran porción de su propia raza. Además, había tenido ya una prueba de su forma de ser durante su larga permanencia en el campo de prisioneros, después del colapso total. Se le había antojado aquel período como una vacación de descanso. Lo alimentaron bien, curaron su cuerpo de los parásitos, que habían hecho de él su morada permanente; lo asearon y lo vistieron. Sí. Él tenía fe… No podía ser todo negrura en el mundo...[3]

Es difícil no asociar la visión de Fred y de sus benefactores con cierta postura ideológica. Y esta misma, será la que prive en toda la obra. De manera que habrá cierto maniqueísmo, de tonos blancos y negros, malos y buenos.

Fred fue transformado por la guerra. De un joven entusiasta, en un hombre con trastornos de postguerra, que se manifiestan en pesadillas. Donde su mayor ilusión es sentirse nuevamente integrado a la sociedad, lo cual espera lograr consiguiendo un empleo en una fábrica de montaje de vehículos que está por iniciar labores.

Fred se presenta, como muchos otros a llenar la solicitud de empleo, y es contratado por Karl, un ingeniero alemán especializado en Estados Unidos, quien, tras una larga entrevista, se entera que Fred cursó cuatro años de ingeniería industrial, antes de la guerra.

El primer día de trabajo, una vez en la fábrica, observa que casi todos los demás obreros sufren de algún impedimento físico, a causa de la guerra (la más reciente, o la Primera): carencia de un brazo, una pierna, o un ojo. Entre los demás, Fred se destaca, justamente, por su integridad física. Pero no es el único, hay otro joven, Ludwig, bien parecido y refinado, quien había prestado “servicios especiales” durante la guerra.

Al poco tiempo, los compañeros de trabajo de Fred, comienzan a sentir animadversión hacia él (e inexplicablemente, no sucede lo mismo con Ludwig), al grado de llamarle “el Adonis”; situación que se ve agravada cuando a Fred se le asigna como primer oficial de taller. Ni siquiera el arribo de nuevos trabajadores, “muchos de ellos completamente sanos”, logra disipar la atmósfera de resentimiento que provoca Fred. Entre los nuevos trabajadores se cuenta Marcus, antiguo compañero de armas de Fred, y entrañable amigo, quien también tiene problemas para readaptarse a la vida; pero, en su caso por ser un hombre casado, sus dilemas son domésticos.

En medio de sus dificultades, Fred conoce a Corina, una joven mujer quien, rompiendo paradigmas, se dedica a conducir un taxi. Es evidente, desde un principio que Corina está interesada en Fred románticamente, pero él prefiere únicamente ser amigo de ella, “su hermano”.

El problema principal para Fred es que no encuentra en la fábrica el ambiente de compañerismo que ha previsto como la puerta de reingreso en la vida social, su retorno a la querencia. A pesar de sus amistades (Marcus y Corina), y la presencia de la figura de autoridad (Karl), Fred no logra resolver su condición de segregado. Y parece que esta segregación se deriva al destacar sobre los demás: conservó su integridad física, realizó estudios superiores y, algo que se revela más tarde, su rango en el ejército llegó a ser el de teniente coronel.

El conflicto entre Fred y el primer grupo de trabajadores de la fábrica, se desarrolla hasta ser un conflicto entre las autoridades de la fábrica y estos obreros, liderados por Ludwig, quienes proyectan una huelga, acerca de la cual se insinúa la ingerencia de los de las estepas (los soviéticos).  Sin embargo, la figura de Fred nunca pierde protagonismo, al grado de ser una especie de héroe solitario.

Desde un principio, Fred trata de evitar la confrontación, pues lo que desea es conseguir la tan ansiada fraternidad con sus iguales; sin embargo, llegará el momento en que Fred tendrá que cambiar su actitud y pasar de la defensa a la acción. Aún así, no parece que se pueda hablar de un desarrollo del personaje; parece que Fred, a pesar de su altruismo, sería incapaz de ver las cosas desde una perspectiva distinta. Evidentemente, está fijo en su postura.

Sin embargo, la intención del autor, como lo señala él mismo en el texto introductorio, es describir el gran trastorno social que se ha manifestado en dos guerras mundiales, cuyas ondas de choque alcanzan hasta nuestros días, y vislumbrar un rayo de esperanza en la oscuridad, del cambio que vendrá cuando el hombre reencuentre el espíritu.

 

Referencias bibliográficas

Imagen tomada de: http://www.librosalcana.com/495882.jpg

[1] Rodríguez Macal, Virgilio. Negrura. Editorial Colenda. Primera edición, Madrid, España, 1959, página 3.

[2] Ídem. P. 6.

[3] Ídem. P.p. 9 – 10.

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