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“Hombres de papel”, poca ficción y demasiadas mentiras

Por: Ariel Batres Villagrán

A lo largo del siglo XX algunos autores criticaron la obra literaria y los actos que Asturias realizó como hombre público, pero lo hicieron en forma respetuosa. Hubo otros que como no podían llegar a ser como él, dieron en cuestionar su alcoholismo de juventud en París y de los años antes de la Revolución de 1944 y era lógico que así lo hicieran, pues qué podían decir o cuestionar de su calidad literaria, ellos que eran unos cangrejos.

Eso es lo que ocurre con la “novela” de Oswaldo Salazar. Sabedor que nunca obtendrá un Premio Nobel de Literatura, ni siquiera el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias”, se encarga de urdir una serie de mentiras sobre la vida personal no solo de Asturias sino también la de sus hijos Rodrigo y Miguel Ángel, pasando sobre la memoria de la primera esposa del Nobel, Clemencia Amado. Qué razones ocultas tuvo para llamarle novela o ficción a su libelo, solo él las sabe, pero lo que debe conocer el lector es que no está frente a una obra literaria sino ante un pasquín cargado de mentiras, que se esconde detrás de la libertad de expresión y de eso que él llama ficción, donde solo los nombres de los personajes son reales en tanto que el resto… una historia urdida en la mente calenturienta de Salazar.

La carta que aparece en capítulo 1 es obvio que no fue escrita por Asturias, por lo menos eso lo aclaró el autor en la presentación pública de su novela el pasado 20 de abril, aunque no dijo que era mentira lo que ahí dice sobre don Ernesto Asturias, padre del Nobel, llamándole “mendigo político” porque supuestamente obtuvo una finca en Salamá quitándosela a los indígenas del lugar, a cambio de sus servicios como oreja del dictador Manuel Estrada Cabrera, y por ende, en capítulo 12, argüir que lo del “exilio” de don Ernesto, su esposa e hijos en dicho lugar fue solo para guardar las apariencias, para que los muchachos no se enteraran que la había obtenido de mala forma. Qué absurda “ficción”, cuando todos sabemos que la finca era propiedad del abuelo materno de Asturias y que el exilio interno sí ocurrió, porque don Ernesto estaba siendo perseguido por el dictador.

Igual ocurre en el capítulo 2, donde Salazar desdibuja la relación entre Asturias y sus dos hijos, presentándola como desacuerdos de familia, la rebeldía de Rodrigo contra el padre y el rencor que tenía contra su hermano Miguel por creerlo el hijo preferido a quien su padre le dedicó los cuentos del Cuyito.

El capítulo 3, es una bazofia, un asco, por lo que cuenta de que Asturias anduvo en amoríos con un hombre cuando vivió en París, y encima de eso que lo reitere en capítulos posteriores. ¿Cuál es el fin de esto? ¿Obtener cinco minutos de fama a costa de la vida de Asturias? Un enano intelectual a la par de Asturias solo eso puede lograr. Cierto es que cada uno puede interpretar la novela de Salazar como quiera y que cuestionar lo que dijo en capítulo 3 sobre la supuesta homosexualidad de Asturias, es normal que alguien lo defienda pues lo hará según él con fuerte carga emocional, pero que así tuvo que haber sido (ja, ja), pues si no cómo se explica que haya escrito Mulata de tal, donde el personaje solo podía hacer el amor por atrás. Ja, ja, otra vez, pues decir esto es salirse de la tangente por parte de Salazar, para evitar –escondido tras la supuesta ficción– una demanda legal por la serie de embustes que presenta.

Igual ocurre respecto a lo que dice en capítulo 4 sobre la madre de Asturias, doña Clemencia, haciéndola una paranoica internada en un hospital psiquiátrico en el DF de México, a donde supuestamente la llega a buscar su hijo Rodrigo basado en información que recibió en una carta de marzo de 1964 de Alfonso Enrique Barrientos; como no la encuentra, el lector podría asumir que murió en tal año. En capítulos posteriores, la hace aparecer como alcohólica y que dejó a su esposo en 1946 por irse con otro, un amigo de él (cap. 7). Otra bazofia más en la novela; una cosa es la ficción y otras las mentiras, pues en 1964 ella estaba viva, regresó a Guatemala en 1966 y falleció en  enero de 1979. La burda mentira sobre las razones del divorcio entre la pareja es un asunto que no le interesa a nadie y no había por qué inventar que fue por alcoholismo e infidelidad de ella, por malos tratos y borracheras de él, y mucho menos hacerla morir en 1964, toda vez que cualquier lector, sobre todo los jóvenes, podría creer que así fue.

A lo largo de la novela hay otra serie de mentiras y difamaciones sobre Miguel Ángel Asturias y sus hijos Rodrigo y Miguel Ángel, que por razones de espacio no procede comentar. Pero sí debe advertirse que en capítulo 12 figuran supuestas entrevistas con autores y personajes que conocieron a Asturias y Rodrigo, e incluso hay también supuestas declaraciones de su segundo hijo, donde podría dar la impresión que estaba internado como paciente con problemas mentales, pues la rotula como “Miguel Ángel Asturias, hijo [Diciembre de 1996, clínica psicoanalítica, Callao y Corrientes, Buenos Aires]” (los corchetes son del autor); él está vivo y reside en Buenos Aires. En ese mismo capítulo está una supuesta confesión de doña María, la madre de Asturias, con un cura (fechada 24 de diciembre de 1925) donde ella “dice” que la finca que su esposo Ernesto obtuvo fue por el pago de un favor que le hizo a Estrada Cabrera y que lo de irse a Salamá cuatro años fue para guardar las apariencias, que Miguel Ángel y su hermano Maco no se enteraran y que creyeran a su padre una víctima y no un ladrón. Total, la misma absurda mentira del capítulo 1.

Por qué razón escondida escribe el autor tanta bazofia, no la sabemos. Solo se intuye que es para ganar notoriedad a costa de un grande. Qué pensaría Salazar si leyera que de su familia un autor dice un montón de mentiras, escondiéndose en la libertad de expresión y en que se trata de una ficción, para evitar ser demandado por el libelo que finge ser novela.

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Comentario publicado en elPeriódico, 22 de abril de 2016

http://elperiodico.com.gt/2016/04/10/elacordeon/es-el-caso-de-hablar/

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