Contrarreflejos

Contrarreflejos

Sección a cargo de Pablo Salvatierra

 

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Escribir

Escribir es transmitir. Es compartir. Es prestar parte de sí mismo y que cada quien reflexione lo que sea que eso provoque.

Escribir es abrir los ojos o hacer mirar a otro lado. Es crear nuevas perspectivas.

Elser Omar Marín Molina. Estudiante I semestre, jornada nocturna, facultad de Humanidades, USAC.

 

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Escribir

Escribir significa muchas cosas. Significa sentimientos, ideas, pensamientos, vivencias, experiencias, estados de ánimo.

Escribir es una gran puerta que llevarnos a distintas estaciones y caminos. Escribir hace que nos comuniquemos y se comuniquen.

Escribir puede hasta cambiarnos la vida.

Escribir es tan importante que, incluso puede, llevarnos a encontrarnos a nosotros mismos. A cerrar ciclos y trascender.

Mónica Mansilla García. Estudiante I semestre, jornada nocturna, facultad de Humanidades, USAC.

 

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El aguijonazo

 Me atacó a traición… directo al talón, como si se tratara de una representación del asesinato de Aquiles por parte de Paris. Pero no creo que este asesino haya clamado: “Zeus, ¡dirige mi flecha!”, antes de atacarme. Es más, ni yo me siento muy Aquiles que digamos, puesto que tengo muchísimos puntos débiles, de manera que no es necesario dirigir toda la fuerza del ataque al talón, única “falla del héroe”, y en todo caso no me considero nada heroico, ni bajo los cánones de la antigüedad clásica, ni bajo los contemporáneos. El hecho es que, la criatura en cuestión me atacó, eso sí, como dije, a traición, de la misma manera que el flechador hijo de Príamo atacó al Atrida. Es decir, sin que me diera cuenta. Estaba demasiado ocupado tratando de despegar las páginas de unos suplementos de Historia de la Literatura Universal de la Editorial Origen, año 1983, y que por descuido habían quedado en una caja de cartón, junto a una pared humedecida, y mientras me lamentaba de no poder salvar la información acerca de “Literatura italiana contemporánea, sentí un pequeño pero agudo dolor en el talón de mi pie izquierdo. Debo decir que me tomó un tiempo notar el agudo dolor, tan dedicado estaba a rescatar los suplementos que había dejado arruinarse. Cuando levanté la vista de la revista, pude ver a la criatura posada en mi talón desnudo, y es que estaba desnudo porque a pesar de llevar puesto un calcetín, fatalmente, uno de esos que se rompen justo en el talón y que no me decido a tirar a la basura. La avispa estaba posada en el talón y no sabía si picaba o mordía, pero como nunca me había picado una, o eso creí recordar, quise ser cuidadoso para no enojarla y causar que me atacara… más. De modo que apenas tiré del calcetín para moverla y se fue… Y aquí terminaría este relato de mi vida cotidiana si no fuera porque, mientras seguía tratando de rescatar el suplemento de historia universal, bla, bla, bla, sentí nuevamente un agudo dolor y, si bien dicen que un rayo no pega dos veces en el mismo sitio, ahí estaba la avispa otra vez, ¿o sería otra? En todo caso, si Aquiles no pudo defenderse del traidor Paris, esta avispa confundió el mito que esta vez era más bien Odiseo contra Polifemo y, por tanto, sin pensarlo dos veces, me levanté y con el trapo que había usado para remover la suciedad de las revistas ataqué a la avispa con toda la ira de Zeus cuando arrojaba sus rayos contra un inferior que osaba desafiarle, pero como no soy Zeus y, ya dije, mucho menos Aquiles, la tal avispa logró escapar ilesa y con la victoria de haberme mordido dos veces. La pregunta que me he hecho, sin embargo, es porqué me atacó, qué quería de mí, y creo que esto nunca lo sabré. Pero, a lo mejor, puedo tomarlo como un aguijonazo, es decir, un empujón para escribir nuevamente.

Julio Enrique Pellecer Solórzano, estudiante Lic. en Letras, jornada nocturna, departamento de Letras e integrante del Consejo Editorial revista Espacio L, facultad de Humanidades, USAC.

 

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Profesor universitario

Su señora madre, insistió tanto que terminó haciendo lo que le decía: estudiar. Sacar la primaria. Sacar el básico, y, además, el diversificado. Lo logró. Eso le permitió laborar como burócrata y aprender al máximo la conducta de los mismos como terrorista y farsante del cumplimiento de horario, sin producir nada y echarle la culpa al sistema sin aceptar que la mediocridad constituye ciencia. Envalentonado, aspiró ingresar a la Universidad a estudiar literatura. También lo logró. Con eso se dijo: quiero ser profesor de literatura donde se graduó. También lo logró. Como segundo paso terrorista y farsante, enseña con autoridad fascista que Aristóteles fue maestro de Platón. Sócrates, vuelve a tomarse la cicuta.

Daniel Alarcón Osorio, profesor titular, departamento de Letras, jornada nocturna, facultad de Humanidades, USAC. Fundador y editor, revista Espacio L.

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