Contrarreflejos

Contrarreflejos

Asesina

Por: Cecilia Jiménez

¿Quién soy?, o ¿quién quieres que sea? Tu ilusión, tu tentación, tu utopía o simplemente la asesina que logré ser.

Lo sé. Lo hice. Jamás creí lograría cortar tus alas, que mataría nuestros sueños. Ahora sólo veo mis manos y aún corre nuestra sangre. Asesina. Eso soy. Antes, fragüé tantas veces tu muerte. Planeaba por las noches jugar con fuego y tuve tanto cuidado, que por largo tiempo no me quemé.

No fue así siempre… el fuego me alcanzó, el placer de tus labios me envició y fui masoquista hasta más no poder. El sentimiento creció, aquel que ambos queríamos ocultar. Debí huir desde aquella vez cuando tu amor golpeó mi cuello. Debí esconderme en mi reino, pero no. Fui osada y decidí volver a tu mundo a sabiendas que éramos un imposible.

Te maté, y creí que disfrutaría tu muerte, al fin sería libre. Te asesiné a mano fría, sin anestesia. Sabíamos que pasaría y, aun así, quisimos involucrarnos en la narcosis perfecta. Creer que esa narcosis era un lugar para dos forasteros, para dos prófugos de la realidad, simplemente para nosotros dos.

Asesiné mis sueños junto a los tuyos. Ahogué tu voz y maté tus ilusiones. Ahora estoy aquí provocando estos perversos daños a terceros. Nunca me había enterado de lo que era reír. Nunca había experimentado los celos por amor, el cuidado que alguien te da por la pasión y el calor brindado por la unión de dos cuerpos.  Hasta que llegaste tú.

Pintaste más colores a mi vida. Era obvio que mi vida no era gris. Lo tenía todo, y, aun así, fui caprichosa y quise más, quise aquello que siempre se me fue negado. Quise estrujarte en mis manos, quise tocarte y tenerte, volverme loca… sólo quise ser feliz y fui egoísta. Me convertí sin querer en la asesina de nuestro amor.

Corre…

Aléjate de ella.

Corre. No la sigas. Ella sólo emana dolor, sólo deja heridas. No es sana. Sólo sabe perjudicar, aléjate de ella.

No la mires, no la toques, no quedes hechizado con su belleza. La sonrisa que muestra es de vileza. No choques con su cuerpo, corre. Escucha el consejo: ¡aléjate!, antes de que me convierta en una asesina.

Pero, es tarde…

Vuelves, regresas. ¿Qué haces?, no entiendes, trato de evitarte dolor y desgracias.

No puedo amar, no de esta forma. Mi corazón está cerrado. No te atrevas a mirarme.  Fuego del cielo caerá hasta que te alejes de esta asesina. ¿No entiendes? ¡Escribo castellano! Judá no dejará que me ames. Soy prohibida para la sociedad. Prohibida para el mundo, condenada al exilio del amor y acompañada por la desolación.

Te amo. No sé cómo pasó. No puedo; pero ya es tarde. ¡Que dulce es morir!

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