Consejos Maestros

Consejos Maestros

DECÁLOGO*

Autor: Martín Luis Guzmán**

Sección a cargo de: Pablo Salvatierra

Martín Luis Guzmán

  1. Saberse interesar en todas las cosas, desde el modo, por ejemplo, como un afilador usa la muela hasta las más recónditas alternativas del ánimo (por ejemplo, también) mediante las cuales un espíritu rencoroso y vengativo es capaz de perdonar, y aún llegar a querer, a quien deliberadamente le haya hecho el mayor de los daños.
  2. Saber aislar dentro del panorama casi infinito de lo interesante aquello que permita al novelista descubrir esencias reveladoras de lo que el hombre es, en planos de existencia que justifiquen una interpretación artística.
  3. Adquirir conciencia de aquello que realmente se quiere realizar con las letras como instrumento. ¿Se acomete una obra de fines exclusivamente artísticos con la humanidad de siempre como venero inmutable? Es decir, ¿se tiene un propósito literario ajeno, en todo lo posible, a la actualidad social que de lejos o de cerca nos rodea? Porque cosa distinta es el intentar una obra cuyos fines artísticos perdurables estén vinculados a nuestra actualidad para influir en ella y no tan solo para sacarla a la luz y darle forma vaciándola en los materiales que nos ofrece la humanidad de hoy. Claro que esta última, al fin y al cabo, es expresión, no obstante su fecha, de la humanidad de todos los tiempos.
  4. Sentir el impulso, cultivándolo para hacerlo eficaz, de buscar en lo más cercano y más propio, o sea en lo nacional, la expresión de esencias universales.
  5. Tener conciencia del oficio y el arte de escribir concretaré: no usar las letras sino dentro de los límites del conocimiento exacto que de ellas se tenga, ni querer inventar si antes no se han adquirido («la letra con sangre entra») las enseñanzas de la gramática y se ha abrevado, para sentir el genio del idioma, en la lectura de los clásicos y los grandes escritores de todas las épocas.
  6. Tener siempre a la vista que, hasta cierto punto y artísticamente, fondo y forma son una misma cosa; por donde resulta equivocado el empeño de imponer un mismo modo, un mismo ritmo, un mismo estilo a temas o asuntos que se diferencian por su intención y su posibilidad artística.
  7. No confundir lo permanente con lo que en ello haya de transitorio o superficial, y por tanto no intentar el trazo de caracteres, situaciones y ambientes con nada que no sea absolutamente indispensable para mostrarlos, definirlos, recrearlos, desenvolverlos y exaltarlos en términos artísticos.
  8. Rehuir el imitar a nadie y no intentar escribir nada, como no sea a título de ensayo o ejercicio, si antes no se ha escuchado dentro la propia vibración: lo que convirtiéndose en arranque incoercible desemboca en la necesidad de escribir.
  9. No envanecerse con la propia obra considerándola inmejorable. Al revés, prepararse siempre, y aun espolearse, para hallar en todo las peores imperfecciones, así de fondo como de forma. No olvidar nunca que hasta lo mejor que uno hizo es siempre perfectible.
  10. Dejar libre al crítico, íntegramente, su radio de acción. No enojarse con él, consentir en que su esfuerzo, cuando aquilata una obra, es tan respetable como el esfuerzo de quien la creó.

*Publicado originalmente en: Emmanuel Carballo. (1986) Protagonistas de la literatura mexicana. Ediciones el Ermitaño/SEP. México. (Lecturas Mexicanas, Segunda Serie, 48).

**(Chihuaha 1887-1976). Periodista, escritor y político; pionero de la novela revolucionaria junto a Mario Azuela.

López, C. (compilador). (2006). Decálogos, mandamientos, credos, consejos y preceptos para oficiantes de la escritura. Editorial Praxis. Barcelona, España. Páginas 13-17.

 

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